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Fragancias Inspiradas En El Huerto
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“Ya basta de frutas; ¡divirtámonos con los vegetales!” Cuando Céline Roux, directora global de fragancias de Jo Malone London, lanzó esta declaración hace cuatro años, quizá lo hizo medio en broma. Pero así fue como se sembró la semilla de una idea. Una idea que la llevaría, junto a las maestras perfumistas Mathilde Bijaoui y Anne Flipo, desde los entrañables huertos urbanos de Londres hasta el emblemático Castillo de Sissinghurst, antigua residencia de Vita Sackville-West y Harold Nicolson, y hogar de uno de los jardines más legendarios de Inglaterra.Si alguna casa de fragancias podía transformar un huerto inglés en una colección de colonias exquisitamente elaboradas, tenía que ser Jo Malone London.
Después de todo, la marca posee un talento singular para capturar escenas de la vida británica —desde la brisa marina y el té de la tarde hasta los campos de cebada y los huertos bañados por el sol— y convertirlas en aromas irresistibles que equilibran elegancia, modernidad, fantasía y sorpresa. Veggies, una divertida colección de temporada compuesta por colonias y fragancias para el hogar que rinde homenaje al huerto, es un ejemplo perfecto del espíritu ingenioso y distintivo de Jo Malone London.
"Hay una belleza auténtica en aquello que nace de la tierra. Tiene riqueza, una cualidad terrosa y una autenticidad muy especial"
“Sabía que quería trabajar con algo que creciera en la tierra”, comenta Céline entre risas al recordar el primer destello de inspiración detrás de la colección. “Hay una belleza auténtica en aquello que nace de la tierra. Tiene riqueza, una cualidad terrosa y una autenticidad muy especial”. El resultado de ese instinto —a medio camino entre la curiosidad y el juego— son tres irresistibles colonias: Scarlet Beetroot, Velvety Butternut y Carrot Blossom. “Visitamos muchísimos jardines”, recuerda. “En Sissinghurst queríamos olerlo todo e inspirarnos tanto en los aromas de los jardines como en los distintos tipos de suelo. Pero más allá de eso, me fascinaba la idea de los huertos urbanos. Me encanta que las personas, incluso en ciudades como Londres, cultiven sus propias zanahorias y hierbas aromáticas; esa necesidad de mantener un vínculo con la naturaleza sin importar dónde se encuentren. Esta colección toma esa idea de lo cultivado en casa, auténtico y sin artificios, y le da una interpretación fresca. Yo la llamo una frescura con textura”.
Y realmente hay pocas cosas más británicas que un huerto cuidadosamente cultivado: el orgullo silencioso, el sentido del orden y la convicción de que la paciencia y la dedicación diaria serán recompensadas con algo extraordinario. Es algo familiar y sencillo, pero lleno de belleza inesperada: el destello rojo intenso de un betabel recién extraído de la tierra, la curva aterciopelada de una calabaza butternut o el delicado aroma dulce de las hojas de zanahoria al frotarlas entre los dedos.
Eso es precisamente lo que captura esta colección: lo cotidiano elevado a algo extraordinario; lo familiar visto a través de una mirada refinada, aunque siempre lúdica. Sin embargo, recrear de forma literal el aroma de una zanahoria recién cosechada o de un betabel cubierto de tierra nunca fue el objetivo. La misión de Céline era la misma de siempre: desafiar los límites, jugar con los matices e incorporar ese elemento esencial de sorpresa. “Les pedí a los perfumistas que añadieran pachuli. Es el hilo conductor de todas las fragancias”, explica. “Aporta una faceta terrosa sin restarle frescura”.
Ese equilibrio es el corazón de la colección. Y aunque las tres colonias forman una familia, cada una posee una personalidad muy definida. Scarlet Beetroot es la más vibrante; la extrovertida del trío. En el huerto, el betabel es inconfundible aunque discreto; en una fragancia, se transforma en algo inesperadamente alegre. El aroma abre con una explosión luminosa de grosella negra, jugosa y energética, antes de revelar una suave dulzura terrosa inspirada en el betabel que resulta tan original como fácil de llevar. “Es una fragancia colorida, divertida y feliz”, afirma Céline. Es el tipo de aroma capaz de transformar el estado de ánimo al instante. Carrot Blossom, en cambio, es la romántica de la colección. Céline la describe como “una fragancia floral fresca con un toque de hinojo que aporta luminosidad sin resultar abrumadora”. Es la más delicada de las tres: una dulzura suave y refinada que recuerda un paseo matutino por el jardín cuando la luz aún es tenue. La flor de azahar aporta una frescura luminosa, mientras que el almizcle blanco mantiene la composición ligera y contemporánea. Después está Velvety Butternut, el sueño de quienes buscan confort en una fragancia. “Es muy cremosa”, comenta Céline. “Cálida, reconfortante y con un delicado toque avellanado. Es verdaderamente irresistible”.
Esa sensación envolvente puede compararse con ponerse un suéter de cachemira favorito. Una chispa de jengibre aporta luminosidad al inicio antes de fundirse con la haba tonka y el pachuli. Céline se siente especialmente orgullosa de esta creación. “Nos tomó mucho tiempo perfeccionarla porque era muy difícil alcanzar el equilibrio adecuado entre calidez, sofisticación y carácter amaderado. Pero”, añade mientras la prueba sobre su muñeca, “sin duda valió la pena”.
Por supuesto, Jo Malone London siempre ha entendido que el aroma es una experiencia multisensorial; algo que no solo se lleva sobre la piel, sino que también se vive en el hogar. Por ello, la colección incluye Green Tomato Vine Candle, Green Tomato Vine Diffuser y Tomato Leaf Hand Wash. “Fue la fragancia que funcionó prácticamente desde el primer momento”, recuerda Céline. “Supimos de inmediato que era la indicada y nos enamoramos de ella”. Enciende la vela o lava tus manos y, de pronto, estarás transportado al verano: ese inconfundible frescor verde de las hojas de tomate, la viveza de la enredadera y la frescura terrosa del huerto. Es como abrir las ventanas de la cocina durante la primera mañana cálida del año. Presentada en un brillante recipiente verde, la vela es tan decorativa como aromática; una pieza que querrás conservar y reutilizar —¿quizá como maceta?— mucho después de que se haya consumido.
Y para quienes cuidan cada detalle: sí, técnicamente el tomate es una fruta, no un vegetal. Pero si todo este viaje comenzó con aquella frase de Céline: “Ya basta de frutas; ¡divirtámonos con los vegetales!”, estamos convencidos de que esta deliciosa excepción será fácilmente perdonada.
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